Nuestra Historia

Para hacer realidad el deseo de Madre Carmen, de “enseñar a todos los hombres a conocer y a amar a Dios”, en el año 1925, llegan,  por primera vez, a Santo Domingo, unas Hermanas, para hacerse cargo del asilo de La Caridad, en el barrio de San Lázaro. Una de ellas, la Madre María Ángela, fallece víctima de un cáncer, un mes más tarde y le sustituye la Madre Socorro que, ante la necesidad de atender a las jóvenes de los campos, concibe la idea de abrir un internado. Para llevar a cabo su proyecto, solicita a Madre María de la Cruz, superiora general en aquellas fechas, que mande Hermanas a la República. Su petición es atendida y, en febrero de 1927, llegan Madre Carmela, Sor Ascensión, Sor Leticia y Sor Altagracia. Y con el apoyo y ayuda de Monseñor Nouel, Arzobispo de Santo Domingo, comienza la nueva fundación en el lugar cedido: el Colegio San Sebastián y Capilla de San Antonio, donde el P. Fantino trabajó con incansable celo apostólico.

Y el día 17 de Septiembre, gracias a la generosidad de los bienhechores, terminado el acondicionamiento de lo más indispensable para comenzar la Obra, se inauguró el Colegio, con siete internas y diecisiete alumnas, número que, al año siguiente, aumentó a diecisiete internas y setenta externas, llegando en menos de veinte años a trescientas internas.

Es el primer internado de la República, a donde acuden, no sólo de la zona del Cibao, sino también de todas las partes del país. Y para formar integralmente a la mujer dominicana, a las enseñanzas de Primaria y Secundaria, se añaden los cursos de Secretariado, Comercio, Dibujo, Pintura y otras manualidades.

Situado en un barrio pobre, el Colegio abre sus puertas a los más desamparados, haciéndose cargo de la catequesis parroquial. Y en barrios y campos cercanos se alfabetizan y catequizan grupos de adultos.

Las crónicas hablan de exposiciones de trabajos en el fin de curso, de famosas veladas literario-musicales, de vistosos desfiles y paradas. Todo ello da a conocer el esmero de las Hermanas,  en la formación de las jóvenes. Y para sensibilizar a la sociedad con el deseo de que las alumnas crezcan como personas y como cristianas, organizan quermeses, actos culturales, rifas… con fines benéficos.

El celo apostólico de las Hermanas hace que a la formación en la fe, se una la posibilidad de compartirla y van surgiendo asociaciones como Hijas de María, Cruzadas Eucarísticas, Acción Católica y Legión de María. Anualmente se practica con los alumnos un día de retiro y son frecuentes las charlas familiares sobre temas de interés formativo o de orientación.

En 1935 Sor Ascensión es nombrada superiora, quedándose al frente de la comunidad y del colegio, siendo reconocida por todos, su dedicación y entrega, su firmeza y bondad, de tal manera que es nombrada Hija Adoptiva de La Vega y en homenaje póstumo, una de las calles que rodea al colegio, lleva su nombre.

En 1970, la Escuela “Madre Carmen”, que funcionaba en un local enfrente del colegio, es trasladada al barrio San Martín de Porres, a petición de Monseñor Flores, obispo de la diócesis. Y un grupo de Hermanas, con abnegación, esfuerzo y alegría, van dando forma y vida a la escuela. Son unos comienzos en los que falta de todo, pero en sólo cuatro años fue reconocida oficialmente y cuenta con trescientas cincuenta y seis alumnas. El trabajo de las Hermanas se completa con los adultos del barrio y la visita a enfermos y ancianos.

Son muchos los alumnos y alumnas egresados del Colegio Inmaculada, que agradecen la sólida formación que recibieron y les capacitó para acceder a estudios superiores, con resultados óptimos, que les han permitido insertarse en la sociedad en puestos de responsabilidad y servicio. Entre ellos está la esposa del entonces embajador de Nicaragua, Sansón Valladares, exalumna del colegio que, en 1948, solicita que “sus monjas” vayan a fundar allá. Petición que fue atendida favorablemente, siendo enviadas unas Hermanas a aquel país y haciéndose realidad en la fundación de un colegio.

Todo ello es debido al empeño de las Hermanas por actualizar programas, renovar métodos pedagógicos y ofrecer una educación integral y liberadora, para formar cristianos comprometidos.

Y las crónicas siguen contando que nuestro Cardenal fue monaguillo en nuestro colegio y que en nuestra iglesia descubrió su vocación. Más tarde compartió con las Hermanas, como profesor, las tareas docentes y acompañó como sabio director espiritual, a las alumnas.

Hoy su acompañamiento lo hace con su labor de Pastor y, con gusto, preside la Eucaristía en los aniversarios del colegio, en Bodas de consagración o en cualquier otra fecha memorable. Y, al conocer nuestro Movimiento de Paz y Bien y leer sus estatutos, nos animó a formar grupos, no sólo en nuestros colegios, sino también a las parroquias, ya que los miembros de Paz y Bien se definen como “gente de Paz, que luchan contra el mal, sólo con el Bien”

Hemos hecho una andadura de 80 años y el Buen Dios nos permite celebrarlos. Somos una familia formada por ocho Hermanas,  cincuenta y dos profesores, dos psicólogas, una orientadora, mil ciento cincuenta y cinco alumnos con sus respectivos padres, cinco administradoras y once personas dedicadas a los distintos servicios. Y como familia reunida en el nombre del Señor, queremos ayudar a nuestros alumnos a descubrir y potenciar sus posibilidades físicas, intelectuales y afectivas, propiciando el crecimiento de su dimensión social y potenciando el desarrollo de su dimensión ética y trascendente, abriendo nuestra acción educativa a la búsqueda del sentido de la existencia humana, y presentando el mensaje de Jesucristo sobre el hombre, la vida, la historia y el mundo.    

Y para llevar a cabo esta tarea, pedimos a la Virgen Inmaculada que nos bendiga y acompañe en nuestro diario caminar. Que así sea..